Una mezcla de Liza Minnelli y Carrie

Conclusión

A modo de finalización podemos decir que la serie Glee está abocada a un publico adolescente, principalmente el de su país de origen, pero adaptable por otras características y antecedentes a demases países posibles consumidores, como es el caso de Argentina.

La clave es la manera en que la serie se toma la música tan en serio, destacándose con todos los detalles escabrosos del exceso del Top 40. Como ya remarcamos, cada episodio consta de dos o tres escenas musicales increíblemente armadas y súper producidas, a la vez tan naturales que no desentonan con la situación en la que surgen, por ende es la misma situación la que se encuentra al extremo de la interpretación y la tolerancia misma, ya que su perfección es casi insoportable y hasta dolorosa. Pero no nos podemos resistir ante una televisión tan desvergonzada y el dolor solo hace que parezca más hardcore y auténtica. Aunque en las publicidades intentan sostener que se trata de una suerte de placer culposo, en verdad es lo opuesto: tenés que tener un estomago de acero para darte con eso durante una hora.

A pesar de tener una estética sobrecargada de perfeccionismo, con colores chillones y las escenas musicales altamente coreografiadas, es una hora de televisión muy gris. Las historias son despiadadamente sombrías, con los chicos lidiando con embarazos adolescentes mientras lo profesores lo hacen con fracasos matrimoniales, problemas de dinero y alcoholismo. Ningun personajes es del todo querible, los dialogos apuntan a niveles de artificio desagradable sin que nunca sean realmente tan divertidos, en el momento lo son, pero dejan un sabor amargo luego.

La parte mas sorprendente es que Glee se esfuerza para evitar ser esperanzador o conciliador con el televidente casual. No hay ningún intento de agradar. La actitud es más de “Somos el monstruo que vos creaste, Estados Unidos, y ahora vas a sufrir nuestra venganza”. Durante generaciones, los estudiantes de los high schools americanos se han burlado, despreciado o (lo mas probable) nunca le prestaron atención al club Glee. Ahora es la hora de la venganza. Por debajo de todo el golpeteo de pies y chasquido de dedos, cada episodio de Glee bulle de hostilidad: es una mezcla de Liza Minnelli y Carrie.

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